El empate uno a uno entre San Martín y Temperley en la fría tarde de Turdera sirvió únicamente para detener una sangría que arrastraba cuatro derrotas en los últimos cinco partidos. Bajo el debut de Alejandro Orfila en el banco tucumano, el equipo se sostuvo en la vieja máxima de que entrenador que debuta al menos no pierde, consiguiendo un desahogo agónico mediante el gol de Santiago Briñone cuando el encuentro moría en el estadio Alfredo Beranger.
A pesar del valor numérico que significa sumar de visitante en un contexto de crisis, el resultado expone una realidad preocupante, ya que la magra cosecha de apenas dos unidades sobre las últimas dieciocho en juego provocó que el Santo cerrara la primera rueda del campeonato fuera de los puestos de reducido.
El planteo de San Martín desnudó de entrada sus profundas limitaciones estructurales y de plantel. Con un único delantero nominal en cancha, Luca Arfaras, debido a las bajas por lesiones y salidas anticipadas, el conjunto tucumano apostó de manera exclusiva al orden defensivo y a la disciplina táctica para intentar llevarse algo del Gran Buenos Aires. El plan evidenció la escasez de ideas ofensivas y una preocupante falta de profundidad, al punto de haber acumulado quinientos treinta minutos de sequía goleadora antes del remate salvador de Briñone.
El punto más rescatable estuvo en el arco, donde el juvenil Nahuel Manganelli asumió la responsabilidad de reemplazar a Darío Sand y exhibió la personalidad necesaria para responder ante las exigencias, sosteniendo la estantería de un equipo que se dedicó más a resistir que a proponer.
El Gasolero asumió la iniciativa del juego, dominó la posesión de la pelota y ocupó los espacios con mayor criterio que su rival, exponiendo las falencias posicionales del Santo. A pesar de controlar el desarrollo territorial del partido y de obligar a intervenciones reiteradas de la defensa tucumana, a Temperley le faltó la lucidez y la agresividad necesarias para traducir ese dominio en el marcador de manera contundente.
La ineficacia del local para liquidar el encuentro quedó en evidencia en las escasas aproximaciones claras que generó, entre ellas una jugada donde Franco Benítez eludió a Manganelli pero su remate cruzó toda la línea del arco sin encontrar quien la empujara, un reflejo de su propia impericia para capitalizar las ventajas que otorgaba el trámite.
El debut de Alejandro Orfila ofrece un tenue punto de partida desde lo anímico por haber cortado la racha de derrotas consecutivas, pero el análisis futbolístico demuestra que San Martín está sumamente lejos de despegar. El conformismo de refugiarse para intentar sumar no oculta el preocupante declive de un plantel diezmado que finaliza la primera mitad del torneo en una posición ajena a su historia y a sus aspiraciones de ascenso.
Para el nuevo cuerpo técnico, el verdadero desafío comenzará en el día a día, donde se requerirá una intensificación notable en el trabajo y un salto de calidad colectivo si pretende revertir la mediocridad actual y devolver al equipo a los puestos de vanguardia. Orfila y sus ayudantes tendrán un parón hasta que comience la segunda rueda donde podrán armar el plantel de la mejor manera.
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