San Martín recuperó la sonrisa en La Ciudadela al vencer 2-1 a Atlético de Rafaela en un encuentro que trascendió lo estrictamente táctico para convertirse en un desahogo emocional. Tras la opaca imagen dejada en Carlos Casares, el equipo tucumano saltó al campo con la obligación de reencontrarse con su identidad ante una multitud que, lejos de la impaciencia, empujó desde el inicio. El partido estuvo marcado por la hostilidad hacia un arbitraje permisivo de Bryan Ferreyra y la exasperante estrategia de la visita para demorar el juego, factores que terminaron de cocinar una victoria agónica que se gritó como un título.
La propuesta de Andrés Yllana mostró una faceta camaleónica que, a diferencia de otras tardes, esta vez resultó efectiva. El equipo inició con un 4-4-2 rígido pero debió mutar rápidamente por la lesión de Kevin López a los ocho minutos; el ingreso de Nicolás Castro le dio al mediocampo la claridad que le faltaba para que la posesión tuviera sentido. Jorge Juárez se erigió como la figura indiscutida al interpretar diversos roles, desde volante interno hasta carrilero por derecha, asistiendo a Facundo Pons para el primer gol de cabeza. La victoria se selló con la conversión de Nicolás Ferreyra, quien abandonó su puesto en la zaga para cumplir funciones de delantero en los minutos finales y conectar un centro preciso de Briñone.
El planteo de la Crema fue mezquino y carente de ambición futbolística, limitándose a resistir el asedio local y a especular con el error ajeno. Encontraron la igualdad transitoria mediante un centro que expuso la fragilidad defensiva de San Martín, donde Briñone perdió la referencia de su marca. Durante la segunda mitad, el conjunto santafesino se dedicó sistemáticamente a interrumpir el ritmo del partido con caídas fingidas y demoras excesivas, una postura que terminó siendo contraproducente al encender aún más el ímpetu del equipo tucumano y la presión de sus tribunas.
San Martín ganó porque tuvo la rebeldía que le faltó en la fecha anterior, aunque el triunfo no debe ocultar las grietas que persisten en el retroceso y en la marca de las pelotas detenidas. La versatilidad táctica de Yllana funcionó como una herramienta de supervivencia, y el denominado "Plan Fosa" (enviar al central Ferreyra al área rival) fue el manotazo de ahogado que premió la insistencia sobre la lógica. Si bien se celebra la lucidez de jugadores como Castro y el despliegue de Juárez, el equipo todavía debe trabajar en la solidez defensiva para no depender exclusivamente de la épica en los instantes finales.
El calendario no da tregua y el plantel profesional ya debe mentalizarse en su próximo desafío por la Copa Argentina. El Santo viajará a Salta para enfrentarse a Banfield este viernes a las 21:10, en un duelo eliminatorio que definirá el pase a los octavos de final. El hincha, que despidió al equipo con cánticos de victoria, ya proyecta una movilización masiva al norte del país con la expectativa de mantener encendida la ilusión en el certamen federal. La Crema recibirá a Gimnasia y Tiro el mismo día a las 21.
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