¿Quién le pone el cascabel a Rodríguez Larreta?

Por Carlos Caramello

¿Quién le pone el cascabel a Rodríguez Larreta?

El trío más peligroso para el bolsillo de los argentinos

Aunque el Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires compre barbijos a 10 veces su valor de mercado, nadie lo denuncia. Ningún periodista le pregunta sobre eso en las conferencias de prensa que su equipo de prensa le produce para hablar de la inmortalidad del cangrejo (una forma de demostrar a qué nivel llega su capacidad de invisibilizar temas de corrupción que se llevarían puesto a cualquier otro gobierno).

Detalles.
Y si algún inocente o desmemoriado cronista se atreve, no importa, porque Horacito (que también lo llaman así en la familia) contesta una pelotudes que uno no le dejaría pasar a un hijo del 6 años y, cuando termina la conferencia, se dejó de hablar del tema.
Por lo bajo, algunos periodistas indignados te cuentan que en la radio en la que trabajan (que se supone que es una radio compañera, progresista, honesta) hay orden de no nombrar las corruptelas del Jefe de Gobierno.
Se puede denunciar la brutalidad policial pero bajo el manto de la violencia institucional, lo que no es más que un eufemismo para poner toda la responsabilidad en las autoridades policiales.
Si se contrata, por una cifra millonaria, un hotel de lujo para alojar contagiados por coronavirus y resulta que ese hotel es de la empresa de la medio hermana de Horacio, renuncian los funcionarios que hicieron esa contratación directa (sin licitación alguna) y él siempre pone cara de… “yo no sabía nada”.
Y no es sólo pauta (que también es, claro).
No se trata de que sólo en 2019 haya habido más de 600 millones de pesos distribuidos de forma tal que el nieto de Mirtha Legrand cobró una fortuna mensual, la esposa de Daniel Hadad le vendió al gobierno de la Ciudad una biblioteca virtual por 20 millones y el marido de Mónica Gutiérrez cotizó 18 palitos por arrendar un inmueble.
No es SÓLO eso, no.
Horacio hace “favores”. Impide, por ejemplo, que mientras algunos funcionarios kirchneristas iban presos por causas inventadas, y se los iba a buscar a sus casas y se los sacaba de la cama y se los fotografiaba descalzos y en pijama o se les ponía chaleco y casco antibalas como si fuesen un narco de alta peligrosidad, otros referentes políticos de la ciudad, con causas reales por lavado de dinero y otras nimiedades, ni siquiera tuvieron que apartarse unos centímetros de sus cargos partidarios, sindicales y empresariales.
Es más: siguen ahí, en libertad, lo más tranquilos, manejando los negocios inmobiliarios y hoteleros que comparten con el Jefe de la Ciudad Autónoma.
Por todo eso y tantas cosas más, NADIE lo nombra.
Ni los periodistas del palo ni los enemigos; ni los que informan ni los que construyen operaciones.
A veces da una suerte de ternurita ver a algunos editorialistas y conductores televisivos tirando magia para no decir Rodríguez Larreta; para no mostrar que acaba de contratar como asesora en Desarrollo Social (en medio de la pandemia, cuando el personal médico de los hospitales se contagia por escasez de elementos de protección y se mueren viejos en los geriátricos por falta de control), a María Eugenia Vidal, cuyo mayor compromiso con la Provincia de Buenos Aires fue “no construir ni un hospital más”.
Para no decir que acaba de mandar a la legislatura porteña un proyecto de ley que declara la emergencia económica y financiera de la ciudad y, entre otras maravillas, propone pagar los salarios “de forma escalonada”.
¡Qué vergüenza!
La ciudad más rica del país, la mejor para vivir de toda América latina (según el “Liveability ranking” elaborado por The Economist Intelligence Unit en 2019), la que tiene el PBI más alto per cápita de toda la región… pide gancho y dice que para salir de esta crisis le va a pagar diferido a sus trabajadores.
Y, sin embargo, Horacio va… orondo por la vida.
Eso sí: con barbijo.
Aunque sean ya más de 16.000 los casos de dengue en la ciudad que él gobierna porque, total, el dengue no es noticia.
Te mata.
Tanto o más que el COVID-19: la primera vez que la hembra del Aedes Aegypti te pica, seguro zafás pero, la segunda, si es hemorrágico, estás al horno.
Pero él sigue; porque nadie lo denuncia; porque casi todos los protegen y porque…
Porque es el más peligroso.
Más que Macri. Más que Pinedo.
Más que Vidal.
Más que toda la nueva derecha democrática vacua y vulgar.
Es inteligente.
Y trabajador.
Y ambicioso.
Y… tiene prosapia.
Ya sé que nadie es culpable de sus antepasados, pero había, allá por 1930, un procurador de la Corte Suprema que legalizó los golpes de Estado, llamado, también, Horacio Rodríguez Larreta: era su abuelo.
Y como la fruta no cae lejos del árbol, el manzano genealógico del Jefe de Gobierno, lo condena.
Por eso es tan importante empezar a hablar de Horacio.
No se me ocurre otra cosa pero, si ustedes tienen una idea, compártanla: será bienvenida.
Porque uno se pregunta como nadie dice nada de sus negocios inmobiliarios; de la sobrefacturación en las compras… en todas las compras, haya o no pandemia o apuro (en 2018 pagó $15.610,58 cada maceta de hormigón con las que tapizó las esquinas de algunos barrios de Buenos Aires), de sus “favores” al estilo de la mafia newyorquina… de esas ofertas que te hace y que “no podés rechazar”. Hay que hablar y hablar, y contar y denunciar a Rodríguez Larreta.
Aunque Horacito no sea “gato”, hay que ponerle el cascabel.

Carlos Caramello es  licenciado en Letras es coautor de «Manual de zonceras argentinas al sol» y «Conducción Política. Así hablaba Juan Perón”. Fue  Director del Instituto Nacional de Capacitación Política e Interventor en el Instituto Manuel Dorrego.

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