Tener la pelota sin saber qué hacer con ella es el camino más directo hacia la frustración, y San Martín volvió a dar una muestra cabal de ello. En su visita al líder Tristán Suárez, el equipo tucumano cayó 2 a 0 y profundizó un presente alarmante que no encuentra respuestas futbolísticas ni anímicas. El conjunto de Alejandro Orfila monopolizó el balón durante gran parte del encuentro, pero careció por completo de profundidad, claridad y peso en los metros finales, sumando otra fecha sin reacción que compromete seriamente su camino hacia el Reducido.
Desde el planteo inicial, el 4-2-3-1 dispuesto por Orfila evidenció grietas. La estructura no logró compensar ausencias clave como la de Gabriel Carabajal. Nicolás Castro no pesó en la generación de juego, Álvaro Veliez estuvo desconectado por las bandas y Mauro Verón deambuló aislado, excesivamente lejos del arco defendido por Joaquín Bigo. En la zona media, el doble cinco compuesto por Matías Ignacio García y Agustín Graneros careció de la dinámica necesaria: Graneros falló en la entrega corta y en la toma de decisiones, mientras que García no halló receptores para romper líneas. En defensa, Nahuel Gallardo penó en la marca por el lateral izquierdo y Alejandro Galván, reemplazante de Víctor Salazar, protagonizó la jugada que abrió el marcador tras una discutida falta sancionada por el árbitro Adrián Franklin sobre Diego Mastrángelo. De esa pelota parada nació el 1 a 0 local, capitalizado por Mauricio Guzmán tras un rebote en el área chica.
El Lechero entendió a la perfección el desarrollo: le cedió el terreno y la posesión al Santo, le cerró los caminos interiores y aguardó el error ajeno. Obligado por el trámite, Orfila pateó el tablero en el entretiempo con tres variantes simultáneas: los ingresos de Diego Diellos, Santiago Briñone y Rodrigo Ayala, sumados luego al de Alan Cisnero para mutar a un 4-3-3. A pesar del cambio de dibujo y de acumular hombres en ataque junto a Bruno Cabrera, de lo poco rescatable en el intento ofensivo, el volumen de juego siguió brillando por su ausencia. Apenas un cabezazo de Diellos contenido por Bigo representó una amenaza concreta.
El golpe de gracia llegó a través de un tiro libre ejecutado por Marcos Enrique, cuyo remate se desvió en la barrera y descolocó a Darío Sand para sellar el 2 a 0 definitivo. A San Martín se le agota el margen: con ocho fechas por disputarse, el equipo acumula dudas, carece de fútbol y demuestra que cambiar nombres o esquemas no resuelve los problemas de fondo.
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