El próximo martes Keiko Fujimori asume en Perú

De las promesas a los hechos: la derechista Keiko Fujimori asume este 28 de julio la presidencia de Perú y marca así el regreso del fujimorismo al Ejecutivo después de 25 años. En medio de la desconfianza institucional y la polarización social, la hija del fallecido autócrata Alberto Fujimori (1990-2000) llega al poder con promesas centradas en seguridad, economía, salud y educación.


Pero más allá de sus propuestas internas, el nuevo Gobierno llega en un momento en que Perú ocupa una posición estratégica en América del Sur, convertido en uno de los principales escenarios de la creciente competencia entre Estados Unidos y China.


Las promesas ante los desafíos internos




Fujimori ha prometido que la seguridad será la prioridad de su Gobierno. Su programa plantea ampliar la videovigilancia, crear centros de comando y control en todo el país, reforzar la presencia policial y endurecer las medidas  contra la delincuencia y el crimen organizado, además de construir cuatro megaprisiones.


También propone impulsar obras de infraestructura, atraer inversión privada, construir nuevos colegios y hospitales, así como modernizar el Estado mediante el uso de tecnología e inteligencia artificial.


Sin embargo, la aplicación de estas medidas dependerá del margen fiscal del nuevo Gobierno. Perú mantiene importantes brechas de infraestructura y servicios públicos, además de desafíos como la inseguridad y la posible llegada de un nuevo fenómeno de El Niño.


"La principal propuesta durante la campaña fue la seguridad. Ha dicho algunas cosas concretas, como que las personas presas tengan que trabajar por su comida. Pero, más allá de eso, no ha mostrado ni presentado un plan más amplio para combatir la inseguridad", señala a DW la politóloga peruana Eliana Carlin, de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP).


La experta también cuestiona las consecuencias de algunas normas impulsadas por el fujimorismo desde el Congreso: "Se han aprobado leyes denominadas 'procrimen' que dificultan, por ejemplo, la tipificación de las organizaciones criminales. Es un poco inconsecuente buscar ahora solucionar problemas causados justamente por ellos o agravados por esas normas", afirma.


Por otro lado, Carlin advierte sobre el impacto que podrían tener algunas políticas de seguridad. "Me preocupa el asunto de los derechos humanos en este tipo de cuestiones, porque son espacios altamente ideologizados que buscan justificar medidas como someter a la Policía y a las Fuerzas Armadas únicamente a fueros militares", sostiene. 


Chancay, el puerto que cambió el tablero regional




La política exterior será otro de los grandes retos del nuevo Gobierno de Fujimori. La inauguración del puerto de Chancay ha reforzado el peso estratégico de Perú para el comercio regional y lo ha situado en el centro de la competencia entre Washington y Pekín.


La infraestructura, que supone una inversión estimada de 3.500 millones de dólares, permitirá reducir el tiempo de transporte marítimo entre Perú y China de unos 40 a cerca de 23 días, una vez que opere por completo, consolidando a Chancay como un nuevo puente logístico entre Sudamérica y Asia.


China es actualmente el principal socio comercial de Perú, con un intercambio que supera los 40.000 millones de dólares anuales, según datos oficiales de 2024. Estados Unidos ocupa el segundo lugar, con un intercambio comercial cercano a los 25.000 millones de dólares en el mismo periodo.


"Creo que Perú es tal vez el país de la región donde más está en juego la competencia entre dos potencias mundiales. Pekín tiene, desde hace muchos años, un papel muy importante en la economía peruana y, al mismo tiempo, Estados Unidos quiere aumentar su influencia”, explica a DW Michael Shifter, profesor de la Universidad de Georgetown y expresidente de Diálogo Interamericano. "Perú es el país donde más claramente se ve esa competencia entre Pekín y Washington", insiste.


Para Shifter, el puerto de Chancay tiene una dimensión regional. "Es fundamental para varios países sudamericanos porque reducirá los costos de transporte y facilitará el comercio con Asia, especialmente con China. Tiene un enorme potencial para el futuro de la economía sudamericana", afirma.


El proyecto también está vinculado a los corredores bioceánicos impulsados entre Brasil y Perú para conectar el Atlántico con el Pacífico y facilitar la salida de productos sudamericanos hacia los mercados asiáticos.


Entre Washington y Pekín




Aunque Fujimori ha expresado su intención de fortalecer la cooperación con Estados Unidos, especialmente en seguridad y lucha contra el crimen organizado, los expertos consideran improbable una ruptura con China.


"Definitivamente, la agenda con Estados Unidos va a pesar más. Pero no creo que Perú tenga la capacidad de prescindir de China. En términos simbólicos veremos una mayor cercanía con Washington, pero romper con Pekín no sería realista", señala la politóloga Carlin.


Shifter coincide en que el principal desafío internacional será mantener ese equilibrio. "Keiko quiere alinearse con Washington y evitar tensiones con Estados Unidos. Pero el papel de China ha sido fundamental para la economía peruana durante muchos años y el puerto de Chancay cuenta con un amplio consenso en Perú. Manejar esa relación no va a ser fácil", explica.


En este contexto, aparece el denominado Escudo de las Américas, una coalición impulsada por Donald Trump para combatir el crimen organizado y en la que participan Gobiernos de derecha de la región como Argentina, Chile, Ecuador y El Salvador.


Para Shifter, la participación peruana respondería principalmente a una señal política de cercanía con Washington. "El Escudo de las Américas sirve un poco para mostrar afinidad con la Administración Trump", sostiene. 


Un nuevo papel para Perú en América Latina




La llegada de Fujimori al poder en Perú ocurre en un momento de fortalecimiento de sectores conservadores en la región. Sin embargo, según Shifter, el caso peruano tiene características propias.


"La tentación es interpretar su triunfo como otro giro hacia la derecha en América Latina. Pero el caso peruano es más complejo. Keiko Fujimori ha sido un actor central de la política peruana desde hace muchos años y el país ya venía siguiendo una línea más pragmática", afirma.


Para Carlin, en cambio, el nuevo Gobierno sí marcará un cambio de orientación internacional. "Ella ya ha demostrado su voluntad de alinearse con Estados Unidos y con Gobiernos de derecha. Creo que veremos un endurecimiento de la posición internacional de Perú", señala.


Para ambos expertos, el desafío de Fujimori será administrar una posición firme para Perú: mantener los beneficios económicos de la relación con China, mientras fortalece sus vínculos políticos y de seguridad con Estados Unidos. DW


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