Los organoides de cerebro humano se utilizan cada vez más para construir biocomputadoras: así lo hacen empresas biotecnológicas como Cortical Labs y FinalSpark, conectando células cerebrales a electrodos para ejecutar funciones computacionales de bajo consumo energético en diversas aplicaciones.
Esas aplicaciones van desde pruebas de medicamentos hasta videojuegos.
Así lo señala un artículo publicado en Journal of Medical Internet Research por el periodista científico Simon Spichak.
Aunque la tecnología del biocomputing todavía se encuentra en sus primeras etapas, sus posibles aplicaciones parecen prometedoras.
Entre ellas se encuentra el acceso remoto para investigadores: tanto FinalSpark como Cortical Labs han adoptado un modelo basado en la nube que permite utilizar sus sistemas a distancia para realizar experimentos.
Otro campo clave es la eficiencia energética: el biocomputing requiere mucha menos energía que las redes neuronales artificiales y los modelos de cálculo tradicionales.
Según Brett Kagan, estos sistemas pueden aprender utilizando conjuntos de datos más pequeños y desordenados en comparación con la inteligencia artificial convencional.
Las aplicaciones también incluyen el descubrimiento de nuevos medicamentos, mediante plataformas que permiten probar los efectos de moléculas experimentales sobre el aprendizaje de organoides cerebrales.
Según el farmacólogo y toxicólogo Thomas Hartung, de Johns Hopkins University, el biocomputing podría representar además un paso intermedio hacia sistemas neuromórficos, es decir, neuronas artificiales capaces de imitar la estructura y el funcionamiento del cerebro humano.
Junto con estas posibilidades, también surgen cuestiones éticas.
Los organoides cerebrales utilizados en el biocomputing plantean interrogantes similares a los de la investigación con células madre y organoides, entre ellos el estatus moral de estos modelos, la posible aparición de formas de conciencia en sistemas más avanzados, el consentimiento informado de los donantes y los temas relacionados con comercialización, propiedad intelectual y patentes.
Por ahora, el principal límite del biocomputing sigue siendo la imprevisibilidad de la actividad de los organoides, lo que dificulta el proceso de entrenamiento.
Sin embargo, a medida que avance el conocimiento en este campo emergente, el biocomputing podría tener implicaciones significativas para la investigación biomédica. ANSA
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