El cruce del domingo a las 16 entre San Martín de Tucumán y Ferrocarril Midland, por la décima fecha de la Zona B de la Primera Nacional, se presenta como una prueba de fuego para medir las respuestas del conjunto tucumano. El escenario será el estadio Raúl Roberto Sabureau en Libertad, un reducto donde las condiciones geográficas y estructurales juegan un rol preponderante.
El encuentro está marcado por urgencias opuestas: el local llega consolidado en puestos de Reducido, respaldado por su regularidad, mientras que el Santo desembarca en Buenos Aires forzado a quebrar una inercia negativa tras encadenar dos derrotas consecutivas (Gimnasia y Tiro y Atlanta) que erosionaron su solidez y encendieron alarmas en La Ciudadela.
La semana previa expuso los dos grandes frentes de tormenta que debió atender Andrés Yllana: la readaptación física y la reconfiguración de un ataque diezmado. La principal modificación logística radicó en la mudanza de las prácticas al Complejo Deportivo La Diagonal, en Tafí Viejo. El objetivo exclusivo fue trabajar sobre una superficie de césped sintético para asimilar la velocidad del balón, la rigidez del bote y la precisión en los controles que impondrá la cancha de Midland.
Por otro lado, el equipo sufre bajas determinantes. Pierde para este compromiso a su futbolista más desequilibrante, el juvenil Alan Cisnero, y tampoco podrá contar con la experiencia de Matías García en la mitad de la cancha. Ante este panorama, surge el dilema táctico. Sin la inventiva ni el uno contra uno de Cisnero, Yllana analiza variantes ofensivas para evitar el juego previsible. El desafío radica en diseñar un circuito que no dependa del pelotazo y que logre sostener la posesión para administrar los ritmos del partido, una faceta en la que el equipo defeccionó gravemente en sus últimas presentaciones al caer en la fricción que le propusieron sus rivales.
El Funebrero marcha cuarto en la Zona B y llega respaldado por un funcionamiento colectivo ordenado y un pragmatismo riguroso bajo la conducción de Iturreira. Su campaña se sustenta en una fortaleza artificial basada en la localía. En Libertad cosechó cuatro triunfos, dos empates y sufrió una sola derrota, ante San Martín de San Juan. La ventaja competitiva que le otorga el césped sintético es explotada al máximo por un plantel habituado a los botes rápidos y a los rebotes atípicos de dicha superficie.
Respecto a la disposición y nombres, el esquema predilecto de su entrenador es un 4-5-1 estricto, diseñado para poblar la zona central, reducir espacios e incomodar la salida contraria. La alineación base la integran Mauro Leguiza; Genaro Cepeda, Pablo Casarico, Lautaro Díaz Laharque, Fernando González; Nicolás Violini, Maximiliano Rogoski, Jesús Camaño, Marcos Roseti, Agustín Iván Campana; Jeremías Perales como única referencia de área. El estilo de juego de Midland no busca el protagonismo a través de la tenencia prolongada ni asume riesgos innecesarios. Se siente cómodo en el partido físico, áspero y de segundas jugadas. Su libreto consiste en presionar en sectores específicos, forzar el error ajeno y golpear mediante transiciones rápidas.
El partido se dirimirá en el plano de la imposición estilística. Si el Ciruja no logra aislarse del contexto, controlar el ritmo del balón sobre la superficie sintética y cae en la telaraña de fricción e interrupciones que propone Midland, el conjunto bonaerense tendrá todas las de ganar. Para el Santo, la clave del partido y de su recuperación en el torneo dependerá de la capacidad de sus reemplazantes para generar juego asociado por abajo, obligando al local a retroceder y a asumir un rol de desprotección defensiva que habitualmente no ejecuta.
* Árbitro: Álvaro Carranza
* Asistente 1: Diego Romero
* Asistente 2: Alejandro Schneller
* Cuarto árbitro: Gabriel Gutiérrez
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