SOBRE CUMPLIR AÑOS EN MONTÓN


 Por Alejandro Kaufman

Cumplir,un movimiento político social,75 años es certificar una longevidad preciosa en este mundo que tanto parece precipitarse en su inestable carrera hacia la extinción. Nada mejor para comprobarlo que el retorno de la palabra identitaria del hecho maldito. No se la proyectó en ningún escritorio experto ni con ninguna tecnocracia. Surge de todas partes y se la pronuncia: peronismo. 

Gobierna el peronismo. 

Y cuando gobierna el peronismo, cuando cuatro años de malversación de la vida en común no lograron cumplir su designio letal contra los tres cuartos de siglo transcurridos, cuando eso sucede, que es algunas veces, es entonces cuando prospera el odio, visceral, sin condiciones, celebratorio de la muerte, militante ahora del contagio, activo para despreciar y humillar. Es el odio que promueve la injusticia sedentaria, aferrada a sus privilegios, indispuesta ante toda concesión. 

Lo multitudinario del hecho maldito no obsta para que se le oponga también algo que se dice multitud y que tiene sus números intimidatorios. No todos esos números significan lo mismo pero pesan. Y los del odio son demasiados, resultan gravosos. Ponen a prueba todos los días la vitalidad que se necesita habitar para hacerles frente. 

Es un odio con mucho de racista, aunque no es eso en última instancia lo que lo define con exclusividad: puede permanecer latente siempre que el peronismo se aletargue o malverse, como ha sucedido. Pasaron años de las postrimerías del siglo anterior para que en el XXI se produjera la resurrección que transitamos con tantas oleadas de pasión alegre. 

El odio es activado por la distribución justiciera de la riqueza. No importa la magnitud de lo logrado, de lo que consideren sustraído. Importa solo lesionar el modo realmente existente de la igualdad que conocemos, en tanto condición y principio. Es un producto del resentimiento y  vulnerabilidad última que la riqueza lleva consigo de modo sacrificial. Es el tributo del privilegio que necesita verificarse a cada momento sobre los cuerpos explotados pero que también necesita creerse intangible y eterno. 

La pobre inocencia de la gente se sorprende ante lo insaciable, ante el ansia ilimitada de posesiones y consumos de los ultra ricos. Pero la desmesura es su razón de ser. 

Y solo se le puede oponer el aluvión, la tempestad deseante del propósito emancipatorio. Tan insuficiente el peronismo frente a las utopías y los anhelos que desde hace más de dos siglos nos prometimos y auguramos, pero tanto asimismo como para que sea lacerado en el patíbulo que cada vez vuelven a levantar para terminar con él. 

Ese punto indecidible y poco definido del ánimo de justicia que retorna una y otra vez, y que cada tanto ostenta una eficacia arrolladora porque está impulsado por memorias deseantes que no mueren, que son mortificadas cada vez y siempre, pero se vuelven a encender. Vuelven de las derrotas, frente a las cuales se desvanecen porque saben perder, como lo saben quienes padecen la opresión. 

En ello radica uno de sus secretos. 

Podrá usar a veces la palabra victoria o designar una totalidad, pero se reconoce siempre en el clinamen de la historia. De ahí esa debilidad pletórica de paradójica vitalidad ante la cual la opresión se experimenta atónita a su vez. Para los ultra ricos es inverosímil toda propensión a la justicia y a la igualdad. Solo pueden ver a los cuerpos tendidos bajo el yugo, vivos o muertos según convenga a su contumaz atesoramiento. 

Tuvieron cuatro años para realizar su propósito tanático y no les alcanzó. Lo supieron pronto, y por eso decían que necesitaban mucho más tiempo. Que nunca les sea concedido.

Fuente: Revista de la Biblioteca Popular Paco Urondo de La Plata

Foto: APU

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