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Pichetto: Un peronista sin votos

Por Mario Wainfeld

Pichetto: Un peronista sin votos.


Los radicales quedaron "de garpe" pero solo les queda la queja en voz baja. La apuesta del Gobierno a mostrarse plurales no parece destinada a arrastrar dirigentes peronistas de peso. El papel de los gobernadores y el de los mercados.
Tiene su gracia que el senador Miguel Pichetto aspire a un lugar similar al del ex vicepresidente Julio César Cleto Cobos a quien, en una noche memorable y remota, parangonó con Judas. Los objetivos de la jugada son evidentes, se ignoran sus resultados. El éxito santifica las tácticas electorales, el fracaso las crucifica. Bilardismo al rojo vivo, definen los politólogos
El presidente Mauricio Macri sorprendió con la maniobra que dejó de garpe a los aliados radicales que “iban por más” y se quedaron con menos. Solo podrán rezongar en voz baja y resignarse. Es muuuuy infrecuente que se abandone una coalición de gobierno cuando ésta conserva chances de supervivencia y cuando la alternativa es el desierto: la Unión Cívica Radical (UCR) persiste en el oficialismo aunque sufrió un desaire. No le queda otra, pedirá “pagos de contado” en las listas y diferidos en el hipotético segundo mandato de Macri. En estos canjes, los pagos diferidos tienen un valor peligrosamente parecido a cero.
La flamante fórmula aspira a succionar votos peronistas y pintar a Cambiemos con una pátina de pluralismo. Pichetto, un legislador ducho, jamás se rebuscó para conseguir votos populares. Fue derrotado en dos elecciones a gobernador en Río Negro, su provincia de adopción. En ambas ocasiones culpó a Néstor y Cristina Kirchner. En 2007 porque en aras de la Concertación Plural la Casa Rosada no lo apoyó en la competencia contra el radical Miguel Saiz. La segunda, en 2015 porque la política económica de Cristina y de Axel Kicillof (adujo) indujeron a que Alberto Weretilneck le ganara por goleada. De cualquier modo un político taimado no se mueve solo por rencor: la decisión de Macri zafa a Pichetto de volver a la sociedad civil saliendo del Congreso, su domicilio existencial durante lustros.
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“Los mercados” respondieron favorablemente lo que no prueba mucho. No votan dendeveras. No renunciaron a la fuga de capitales ni a las tasas exorbitantes ni a una corrida cuando les parezca que el cielo se nubla. El problema de las mesas de arena y las especulaciones en Washington, en la City o en quinchos VIP es que los votantes reales son millones. Gente común que vive al día, pisa la calle que está dura, no llega a fin de mes y no decidirá en base a los ditirambos de la cadena oficial de medios.
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¿Atraerá Pichetto a dirigentes peronistas con arrastre electoral? Este cronista interpreta que no. Los gobernadores se van alineando en torno del Partido Justicialista (PJ). Plegarse al oficialismo nacional es suicida si se quiere prevalecer en el cuarto oscuro: he ahí una enseñanza adquirida en la secuencia de elecciones provinciales… Lo sabe el más distraído (u obsecuente hasta ayer) candidato radical. En parte por apostar a ganador, en parte por sintonizar con la bronca que campea en los sectores populares, “los gobernas” no irán detrás de Pichetto. También pesa la autovaloración: quien gobierna territorios se percibe más importante que quien ocupa bancas parlamentarias, aunque sea cuasi vitalicio y muy hábil en su metier. No se deja “conducir” por él.
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Cualquier análisis retrospectivo peca de contrafactual e incorroborable. Allá vamos. Desde 1983, opina uno, solo dos candidatos a vice quizás añadieron votos a su coalición: Carlos Chacho Alvarez para Fernando de la Rúa en 1999 y Daniel Scioli para Kirchner en 2003.
Cobos en la boleta de Cristina redondeaba un acuerdo potente entre peronistas y radicales… lo que sumaba era la Concertación, no ese candidato por sus dotes.
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A título de pálpito: Pichetto no conmoverá a votantes peronistas ni mejorará las chances de Macri, menguantes pero lejos de ser nulas. Habilitará un relato auto elogioso, clásico en la campaña.
Paradojas de la mitomanía cambiemita: Pichetto (“vendido” como un adalid de la República y la tolerancia) podría desplegar sin ambages un discurso xenófobo, racista y promotor de la violencia institucional. De nuevo: ese traje le calza de medida (el hombre es un poco dandy) pero es dudoso que gane adeptos por derecha a Macri, sencillamente porque éste ya los tiene.
El Gobierno celebra la tapa de los diarios de hoy, poca cosa comparada con los días por venir. A sus rivales les cabe moverse, ver si Alberto Fernández y Sergio Massa apuran su café y cierran trato, si Roberto Lavagna se tira a una pileta que da la impresión de no estar llena.
En un día a día fragoroso y creativo, es mejor no anticipar lecturas de escenarios. Todo cambia, todo fluye en esta tierra de milagros. Tal vez, solo tal vez, nada menos que tal vez, las adhesiones populares estén más encaminadas que los gambitos de los operadores de campaña que cada jornada inventan algo.

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