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¿Dólar, calmo hasta las PASO?

Escribe Roberto Feletti

¿Dólar, calmo hasta las PASO?


La estabilidad de corto plazo esconde la posibilidad de garantizar la renta en dólares, a costa de llevar al país a una catástrofe para después de las elecciones, diagnostica Roberto Feletti y publicado en www.grupolacapitana.com.ar
Detalles.
La baja de $1 en la cotización del dólar y la efectivización del cuarto aporte acordado por el FMI de u$s 10.800 millones, permitieron ver esta semana en el Congreso de la Nación a un nuevamente envalentonado Jefe de Gabinete de Ministros, alardeando sobre la capacidad del Gobierno para controlar las variables de la economía sin recurrir a regulación alguna.
Para la gobernante Alianza Cambiemos, que hasta ahora viene obteniendo muy flojos resultados en todas las provincias donde se eligen autoridades distritales, que el dólar esté quieto se ha convertido en una cuestión de supervivencia. Por ello, cualquier calma transitoria insufla una vitalidad verborrágica imprudente en Marcos Peña y también en el propio Presidente. Confundir dólar calmo con bienestar económico es un error frecuente en un Gobierno que ha fracasado en todos sus objetivos y al que le aterra que la volatilidad del tipo de cambio sincere abruptamente esta realidad.
Las autoridades económicas evalúan que cuentan con una oferta de divisas suficiente para contener cualquier desborde cambiario hasta julio, mes previo a las elecciones Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO). Incluyen en esta cuenta una estimación de u$s 8.500 millones de liquidación de divisas de las exportaciones primarias y u$s 4.200 millones de las divisas remanentes ahorradas por el Tesoro Nacional en 2018, que el FMI les permite subastar a razón de u$s 60 millones diarios. Con una masa de u$s 12.700 millones para vender en el mercado durante los próximos 100 días, Dujovne y Sandleris le prometen a Macri estabilidad hasta las PASO.
Ahora bien, el optimismo cortoplacista que campea en algunas figuras relevantes del Gobierno exige ser compulsado con algunas preguntas: ¿Qué ocurre si los agentes económicos aceleran la demanda de divisas porque consideran que es la última oportunidad de convertir los excedentes acumulados en dólares, antes de la incertidumbre electoral? Más en concreto: ¿Cómo se sigue después de agosto? El otro tema crucial del esquema: ¿Cuál será el nivel de tasa de interés con un tipo de cambio flotando en torno a los $45? El Gobierno: ¿va a convalidar una renta financiera en dólares de 4% mensual desde ahora hasta agosto? La aglomeración de “demanda por cobertura” -como llaman eufemísticamente a la toma de ganancias en dólares- puede ser aún mayor a la prevista al acercase el primer veredicto de las urnas.
Estas preguntas desnudan que el verdadero objetivo del Gobierno es permitir una salida ordenada de los capitales, que en el presente se valorizan en el sistema financiero y luego deben concretar esas ganancias comprando los dólares provistos por el Banco Central a un precio que no lesione los beneficios acumulados. Necesita transitar el estrecho desfiladero que le permita cumplir lo acordado con el FMI, pero a la vez respetar los intereses de los banqueros y financistas. Las dificultades de este tránsito se expresan en un riesgo país que supera los 800 puntos.
Argentina se desliza progresivamente hacia una catástrofe superior a las ocurridas en 1989 y 2001
En la columna del domingo anterior planteamos el riesgo de repetir lo ocurrido en el bienio 2000/2001, durante el cual se perdieron dos tercios de las reservas internacionales del BCRA (u$s 20.000 millones) para sostener una paridad cambiaria u$s1=$1 inviable, que no impidió ninguna de las tragedias de la salida traumática de la Convertibilidad. Crisis institucional con muertos por una represión tan brutal como insensata, megadevaluación, default y quiebra bancaria.
Desde la interrupción del financiamiento internacional voluntario hace un año, la Argentina se desliza progresivamente hacia una catástrofe superior a las ocurridas en 1989 y 2001, diagnóstico compartido por economistas de las más diferentes extracciones. En el camino, se asiste impotente a la dilapidación de recursos que podrían evitar el desastre.
Así, a mediados del año pasado se advirtió sobre el remate de u$s 15.000 millones -equivalente al primer aporte del FMI– para pagar la fiesta financiera de las Letras del Banco Central (LeBac), permitiendo la realización en dólares de ganancias especulativas enormes. Ahora se aprestan a rifar casi u$s 13.000 millones para facilitar la conversión a divisas de la renta de las Letras de Liquidez (LeLiq), sin saber que va ocurrir después de agosto.
La Argentina sufrió una crisis muy grave en 1989, otra aún peor en 2001 y los pronósticos sobre el desenlace de la actual son ominosos. Las últimas preguntas de la columna son: ¿Cuántas crisis de magnitud resiste una Nación en el corto plazo de dos generaciones? Y ¿La responsabilidad de su dirigencia? 
Roberto Feletti

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